
Hasta que todas las sillas ajadas de este mundo caigan.
hasta que todos los alféizares de las ventanas se desprendan.
Espera,como esporas atrapadas en un mar de arena, desecadas,sin esperanzas de volver a sentir algo real.
Hace ya tiempo que no soy persona, algo me va robando día a día pedacitos de mi vida.
Es, es... esa maquina del diablo,que me controla, me trae y me lleva a donde quiere, sin yo impedírselo.
Todavía no ha llegado y ya lo noto, esa sensación de indiferencia con mi entorno, esa mirada perdida y fugaz para con los demás, me estoy convirtiendo en un monstruo.
Recuerdo felizmente los momentos de paseos revitalizadores por los parques de mi ciudad natal, alejados del humo,la continua prisa, y el trepidante ritmo de vida, pero ya es tarde para abandonar el vagón ,el silbato ya ha sonado.
Busco a mis alrededores una mirada amiga, no hostil, que se encuentre en mi situación, atrapado.
Desisto de mi búsqueda, y me convierto en uno de ellos, siervos de la maquina, subordinados a ella, conectados por un estrecho vinculo, especial y místico.
Ahora soy yo el que está cantando en Japonés en el metro, y soy yo el que te incita a despreciarme, a reír o a olvidarte de mi.
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