jueves, 18 de marzo de 2010

Cantando en Japonés


Hasta que todas las sillas ajadas de este mundo caigan.
hasta que todos los alféizares de las ventanas se desprendan.
Espera,como esporas atrapadas en un mar de arena, desecadas,sin esperanzas de volver a sentir algo real.

Hace ya tiempo que no soy persona, algo me va robando día a día pedacitos de mi vida.
Es, es... esa maquina del diablo,que me controla, me trae y me lleva a donde quiere, sin yo impedírselo.
Todavía no ha llegado y ya lo noto, esa sensación de indiferencia con mi entorno, esa mirada perdida y fugaz para con los demás, me estoy convirtiendo en un monstruo.

Recuerdo felizmente los momentos de paseos revitalizadores por los parques de mi ciudad natal, alejados del humo,la continua prisa, y el trepidante ritmo de vida, pero ya es tarde para abandonar el vagón ,el silbato ya ha sonado.

Busco a mis alrededores una mirada amiga, no hostil, que se encuentre en mi situación, atrapado.
Desisto de mi búsqueda, y me convierto en uno de ellos, siervos de la maquina, subordinados a ella, conectados por un estrecho vinculo, especial y místico.

Ahora soy yo el que está cantando en Japonés en el metro, y soy yo el que te incita a despreciarme, a reír o a olvidarte de mi.

sábado, 13 de marzo de 2010

La búsqueda


Un hombre decidió visitar a un ermitaño que vivía cerca del monasterio de Sceta. Después de caminar sin rumbo por el desierto, acabó encontrando al moje.
- Necesito saber cuál es el primer paso que hay que dar en el camino espiritual -dijo.

El ermitaño lo llevó hasta un pequeño pozo y le pidió que mirase su reflejo en el agua. El hombre obedeció, pero el ermitaño empezó a tirar piedras al agua e hizo que la superficie se moviese.
- No podré ver bien mi rostro mientras usted siga tirando piedras -dijo el hombre.
-Del mismo modo que es imposible para un hombre ver su rostro en aguas turbulentas, también es imposible buscar a Dios si la mente está ansiosa con la búsqueda -dijo el monje-. Este es el primer paso.

Nadie

miércoles, 3 de marzo de 2010

un día cualquiera

Un día cualquiera es el que te levantas de la cama, decides qué tomas para desayunar, te lo tomas; luego te duchas, si no lo has hecho la noche anterior piensas que día es hoy, si es miércoles te das cuenta de que tienes que ir a tal sitio al otro, como haces todos los miércoles.
Vas a tu trabajo, o tu lugar de estudio; estudias o trabajas, comes. "Descansas" si quieres descansar o lo "necesitas" realizas actividades de ocio, o trabajas o estudias dependiendo de si no has hecho esto por la mañana; cenas y duermes.

Durante todo este proceso te cruzas con gente, con más o con menos gente cada día que realizan el mismo proceso que has realizado tú cada día.

Y esto seria un día normal.

Pero cada día pasa algo distinto, y nosotros nos cuidamos de que cada día no se igual que el anterior. Por que esto siga siendo así escribo hoy esto. Igual no tiene sentido todo lo que he escrito, pero es lo que me realmente me llamaba a hacer después de mi rato de estudio. Igual es el único hecho que es diferente al día de ayer, pero aquí queda.

Gepeto

lunes, 1 de marzo de 2010

Sonríe.




Bajo las escaleras para entrar en el metro, delante de mí, un chaval joven vestido de chandal y con una bolsa de deporte a la espalda camina decidido. La estación en la que me encuentro, tiene acceso a cercanías en su interior. Veo que el chaval hace como un giro raro, y cambia su dirección, pasa de dirigirse hacia el cercanías para encaminarse hacia la entrada al metro.

una vez se encuentra lejos de la entrada al cercanías y de la mirada del segurata, se gira, me impide el paso. Yo, que no tengo un carácter agresivo ni mucho menos, me quedo quieto.

-"Oye no tendrás 50 cts, para el cercanías"
-...
-"esque si no estuviese el segurata me colaría..."

Sus palabras debieron de accionar un mecanismo en mi interior, recordé los momentos de atracos y huidas acaecidos en mi ciudad natal (que aunque no fueron muchos, serán difíciles de olvidar) Y que de alguna manera evitaron que de mi boca saliese una mentira, evitó que yo fingiese sobre la calderilla que en ese momento tenía en mi bolsillo, evitó que esquivase al chaval y siguiese mi camino.

No solo eso, saqué de mi bolsillo la cartera , cogí una moneda de 50 cts y se la tendí sin saber muy bien que demonios estaba haciendo.

El chaval se fue agradecido, yo me fui pensativo, y una vez mas al pasar por mi parada de metro habitual, y al ver al hombrecillo que toca siempre la misma canción en el saxofón pasé de largo, pegado a la pared, como si no quisiese ni acercarme a el, Ignorándolo...