martes, 15 de diciembre de 2009

Recuerda el no lavarte nunca el culo-Icaro

Se supone que la infancia-preadolescencia debe ser un periodo feliz, en el que todo debe ir casi sobre ruedas para no influir desmesuradamente en la personalidad futura del crio, es decir para que salga "normal".
Si hay algo por lo que se caracteriza mi infancia, es por lo extravagante de ciertas situaciones en las que no solo peligró mi integridad física de una manera desmesurada sino que también forjaron una personalidad , que quizás ahora algunos tachen de extravagante.

Ahora me considero una persona normal, sin tantos desvaríos.
He conseguido rescatar unos recuerdos de mi "infancia" que pasaré relatar:
El primero y mas reciente se sitúa en el campo de fútbol de mi antiguo colegio, había llovido, y yo y algún compañero estábamos saltando y haciendo virguerias con uno de los palos de la portería (creo que la portería era de estas de fútbol sala, pequeñas, y estábamos agarrándonos a el y balanceandonos, viendo haber quien llegaba mas lejos saltando, etc.)
En estas que voy a la fuente a beber agua e (inconsciente de mi)me dirijo a realizar la actividad que antes tanto me había divertido.
Tenia las manos mojadas, y bastó un simple balanceo para que estas se deslizasen del palo estando yo en posición horizontal sobre el suelo, a escaso metro del palo de la portería que se encontraba en la misma posición horizontal en el suelo. todo casaba para que yo en ese mismo momento en aquel lluvioso día me hubiese quedado parapléjico o peor aun muerto por que mi cuello fuese a caer justo encima de aquel dichoso palo, por suerte( quien sabe) fue la parte mas occipital de mi cabeza la que colisionó con el palo, dejándome algún que otro cichón y la sensación de que me había salvado por los pelos.
Segunda escena:
Cambiamos de escenario y nos situamos en la plaza del pueblo, un grupo de chavales pasándoselo bien mientras jugaban a escenificar películas, apoyados en un pequeño muro, que daba lugar un muy breve deslizamiento de tierras, pero que aún tenia su altura.
Total, que me toca, y decido escenificar superman, pero lo escenifico con tal realismo, que acabo calleando de espaldas por el breve desnivel de tierras, pero no, no caigo tropezando, caigo dando media vuelta de campana en el aire, y cayendo de rodillas en el suelo, todos me miran, alguno ríe, yo lloro, lloro desconsoladamente.

Sin duda me quedan cientos de anécdotas de esta índole sobre mi infancia, como cuando mi hermano me salvó de caerme por un desfiladero en Asturias (no recuerdo como se llama) pero eso es ya otro cantar. Por eso te doy este sabio consejo :"no te laves nunca la roña del culo, nunca sabes cuando la vas a necesitar"

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